¿Sandías de 5 cm? Las frutas antes de que las alteráramos.

Algunas personas argumentan que la perfección en la forma y función de las frutas apuntan al diseño divino. Olvidan que fue el hombre quien las convirtió en lo que son hoy.

Alguna vez en el supermercado, escuché a alguien decir “Estos bellos frutos de la Tierra son prueba de una creación divina ¡Mira que maravillosos son, de pulpa abundante y de tamaño ideal para ser tomados por la mano del hombre!”

¿Pero habían estos frutos siempre sido así? Al saborear un melocotón o durazno mis sentidos daban crédito a sus palabras. Su exquisito sabor y aroma saciaban mi hambre y sus dimensiones debían que ser resultado de alguna inteligencia que lo pintó así; para ser cómodamente cortado del árbol de algún jardín paradisíaco.

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Durazno o Melocotón

Pensé en algo salido del Edén; sabiamente bendecido con un manjar de vitaminas y minerales, en cada mordida.

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Pero una mente más iluminada no se habría encantado tan fácilmente. Aquel alimento tan perfecto, originalmente había sido muy distinto; de hecho más pequeño que un chicharo. Históricamente, tras su domesticación en el año 4000 A.C. en China, los agricultores comenzaron a plantar las semillas de los melocotones más grandes y dulces, produciendo la gradual transformación del fruto hasta convertirlo en el que conocemos hoy en día.

James Kennedy Monash

 

En su estado salvaje, el melocotón era un fruto de 25 mm “y con sabor a lenteja”. Imaginemos ahora a nuestros antepasados en ésta insufrible faena, recolectando cientos de ellos para juntar lo equivalente a un bocado. Sies mil años de crianza más tarde, el meloctón es ideal para el consumo humano con un importante incremento en nutrientes.



Plátano

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El plátano o banana es clara evidencia del creacionismo más literal, según algunos, con base en el siguiente razonamiento:

  • Fue formado para adaptarse con elegancia a la mano humana.
  • Su curva ergonómica hacia el rostro, facilita su consumo.
  • Igual a una anilla de lata, su tallo se diseño para su fácil apertura.
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  • Posee un sencillo código de madurez: Verde; demasiado joven. Amarillo; en su punto. Negro; pasado.

Bueno, les presentó al plátano salvaje sin su transformación por medio del hombre, repleto de semillas y más parecido a una tuna ¿Alimento celestial u obstrucción intestinal? Los diminutos puntos negros en el centro de los híbridos del supermercado son vestigios de esas semillas y ya no sirven para su reproducción.

Plátano salvaje sin su transformación por medio del hombre. Vía
Puntitos negros en el centro del plátano; semillas infértiles, vestigio de las originales. Vía.

Consecuentemente el plátano se cultiva replantando los colinos que brotan de la planta original. En otras palabras, los plátanos del supermercado son genéticamente idénticosclones de una planta del cultivo original que por primera vez los produjo, denominado el “subgrupo Cavendish” de la especie. El más comercializado globalmente.

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El plátano como lo conocemos puede estar condenado por lo descrito anteriormente. Su poca variabilidad genética reduce sus posibilidades de supervivencia ante una futura epidemia, como sucedió en los años 50 con el subgrupo que solíamos consumir en esa época- el Gros Michel. Sus cultivos fueron devastados por el hongo de la “Enfermedad de Pánama”.

Variedad mejorada del decrépito Gros Michel. Vía.
Un plátano salvaje, repleto de semillas. Vía.

Sandía

La siguiente víctima de la selección artificial humana es el “melón de agua”.

James Kennedy Monash

La sandía no es ni roja ni jugosa en estado silvestre e increíblemente más pequeña, de unos 5 cm. Siguiendo una historia parecida, miles de años de selección y evolución inducida por el hombre la convirtieron en un fruto de apariencia celestial, dulce, refrescante y delicioso. Posiblemente es la más artificial de todas las frutas.

 

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Sandía silvestre en un bocado. Vía.



Maíz (sí es fruta)

El grano de maíz es considerado una fruta, específicamente un carióspide; fruto seco que contiene una sola semilla. El “regalo de los dioses” para los pueblos mesoamericanos , el maíz, se fue creando a partir de la domesticación del teocintle, que sólo contiene dos hileras de granos. El teocintle se da forma natural en México.

Izquierda; teocintle. Derecha; maíz. Centro; híbrido maíz- teocintle. Vía.

Paulatinamente, empezando hace unos 9000 años, se seleccionó con cada cosecha a los teocintles con más y mejores granos para su cultivo y aquellos con mutaciones favorables – transformándolos durante milenios hasta convertirse en una mazorca irreconocible que pasó a llamarse maíz.

Evolución del maíz por medio del hombre (J.I. Cubero y Mundi-Prensa). Vía

Restos de mazorcas acenstrales más pequeñas a las actuales, encontrados en Coxcatlán Puebla, México, atestiguan este proceso de cambio.

Pequeños cambios a lo largo de miles de años, producto de la selección de características deseables, han transformado a las frutas en irreconocibles variedades que comúnmente consideramos “naturales” (incluso la naranja es un híbrido del pomelo chino y la mandarina), algunas a tal grado que ya no pueden reproducirse por si solas y requieren de la intervención del hombre para preservarse. 

¿Qué hay de nosotros? Claro, ahora habrá quien dirá que si bien las frutas no fueron originalmente creadas como las conocemos, tras estas transformaciones hubo inteligencia y que lo anterior solo desmiente la noción de evolución natural.  Y que si  somos producto de ella, estos cambios sólo pudieron haber sido ordenados por un ser superior. Otros culparán a los extraterrestres. Y otros más hablarán de fuerzas naturales, de estrellas formando sistemas solares, de agua formando cañones y de como estas fuerzas de cambio se extienden a nosotros, seres vivos, formados por materia inanimada, polvo de estrellas. Y entre ellos habrá naturalistas y panteístas. La conclusión simplemente es la siguiente. Si te dijeran que la realidad fue creada de una sola vez y que desde entonces no ha mutado, correrías el riesgo de no dudarlo, porque qué tanto cambio se percibe con un parpadeo cuando eso es lo que somos en la historia de las cosas.

Es pura ilusión pensar que una opinión que pasa de siglo en siglo, de generación en generación, podría no ser del todo falsa. – Pierre Bayle

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